Viernes, 15 de febrero de 2008

Por J. Manuel Areces

A lo largo de los últimos cuatro años una importante cantidad de ciudadanos asistimos perplejos al manejo sectario y partidista de medios de comunicación afines y organismos del estado por parte del PSOE con fines exclusivamente políticos, en un afán desesperado por transformar a la sociedad a la imagen y semejanza de sus ideales totalitarios y caducos. El clima de degeneración se ha mostrado más escandaloso, si cabe, con estas elecciones generales. Lo más lamentable es que parecía que la mayoría de los españoles no se dan por entendidos, pero nos es cierto. Tengo la mala costumbre de pulsar la calle y moverme en muy diversos ambientes, y realmente lo que sucede o -se oye por ahí-, es que la población está absolutamente harta de la clase política profesional en general, y les da igual que les expliques con pelos y señales lo que perpetran los gobiernos socialistas y sus socios separatistas.

En la mente del personal se ha instalado la idea de que todos los políticos son iguales. Evidentemente no me atreveré a secundar tal apreciación, pero precisamente por ser mayoritaria me preocupa enormemente, es tal la sensación de indefensión, que la ciudadanía ha optado por el pasotismo como método de rebeldía. Y efectivamente, salvo para el que disfrute con la salsa del ruedo político, para la gran mayoría de los ciudadanos, hablarles de las cuestiones más candentes, significa lo mismo que hablar de cosas de otro mundo. Ciertamente el debate político ha alcanzado tal nivel de ausencia de la realidad en unos casos y de bajeza en otros, que resulta comprensible el hecho que cualquiera desee aislarse aunque solo sea como medida higiénica.

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La politización sectaria en España, ha infectado a tantos niveles de nuestra vida diaria, que solo hemos de leer cualquier periódico para ver como actúan los fiscales hoy en día (auténticos mamporreros del poder), como se desenvuelven las ministras de sanidad o de medioambiente en sus afanes intervencionistas, y como la educación ya se maneja para crear votantes perfectos y estúpidos.

De alguna manera el pensamiento totalitario emana en nuestra sociedad poderosos y flatulentos efluvios, gracias a la izquierda más reaccionaria que hoy se sienta en las poltronas, pero lo más desgraciado es que el afán intervencionista está invadiendo a las políticas que realiza el propio Partido Popular en algunas regiones (¿no eramos liberales?), lo cual a un liberal como el que les escribe, le duele en el alma.

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Sinceramente, y rompiendo mi ultima lanza por algunos políticos (muy pocos), comienzo a llegar a la conclusión de que parte de la culpa debemos achacarla al propio ciudadano. Los españoles, tan habituados como estamos al culto de la belle vie, hemos terminado por ceder la poca soberanía que nos quedaba a nuestros políticos, sobrecargando sus atribuciones, acostumbrándoles a pensar soluciones para todos los ámbitos de nuestra vida, y esto ha sido en extremo peligroso.

Culpa de la población es pedir a los políticos respuestas a cualquier problema, culpa es también pedir una subvención prácticamente hasta para ir al cine, culpa nuestra es olvidar que nuestras obligaciones van más allá de pagar unos impuestos, hemos olvidado nuestra condición de ciudadanos políticos; cediendo nuestra soberanía de manera integra a unos gestores que no están, ni deben estar, preparados para ocuparse de nuestras vidas (aunque para algunos totalitarios esta situación resulte paradisíaca, vease la asignatura de educación para la ciudadanía).

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Debemos comenzar, con trámite de urgencia, a recuperar conciencia de nuestros deberes como ciudadanos, tenemos que empezar a engrosar las filas de las agrupaciones cívicas, hemos de restituirnos como sociedad, como nación política, y retomar nuestros deberes y los poderes soberanos que nos pertenecen.

Pretender que papá estado resuelva todos nuestros problemas es muy caro para nuestros bolsillos, cercena nuestras libertades, incrementa la nómina de la casta funcionarial, aborrega nuestra alma política, y merma presupuestariamente las funciones esenciales que debe administrar un buen gobierno. En definitiva, debemos cuestionarnos muy seriamente el modelo de democracia, que no ya de estado, en el que debemos vivir.

Del mismo modo que echamos cuentas sobre nuestro futuro, nos planteamos tener hijos, adquirir una vivienda o cambiar de trabajo, hemos de dedicar una parte de nuestras reflexiones a los asuntos públicos, a los asuntos comunes. La pelota está en nuestro tejado, porque desde el preciso instante en que una mayoría de ciudadanos abandone el inútil partido de la abstención, y engrose el partido militante de los movimientos cívicos, encabezando un poderoso bloque de presión, en demanda de menos estado y más libertades civiles, los políticos deberán comenzar a ceder poderes por cuestión de simple y básica supervivencia (no olvidemos que los políticos por definición son cobardes y conservadores de la nómina).

La abstención es dejación de poderes, la abstención como norma es pasotismo, (que no una protesta) la abstención (tal y como está nuestro sistema y vista la cara dura de nuestros gobernantes) es una pera en dulce. La abstención, en definitiva, es nuestro fracaso como ciudadanos políticos.

España; nosotros la nación, no podemos continuar al socaire de las veleidades de sicofantes y madrugadores, de tontos de baba como nuestro presidente del gobierno, ni de mamarrachas progres y pijas como nuestras ministras a las que el pueblo les trae una higa. Nuestra dejación de poderes como ciudadanos políticos ha permitido que los partidos sean unos entes blindados que vedan el acceso a los mejores, hemos permitido asimismo una constitución y unas leyes que prácticamente niegan la existencia de sociedad civil militante y responsable, dejando en manos de dichos partidos el gobierno de la nación.

Consecuencia de ello son los afanes separatistas y demoledores de España (por parte de una minoría muy minoritaria), el intervencionismo brutal y exagerado, la carestía de libertades efectivas, y el poder real de algunos grupos económicos y de otras minorías sobre la casta política. La voz del ciudadano corriente ya no llega más allá de la puerta de su casa o de la barra de la taberna, su soberanía se ha minorado a un voto cada cuatro años, a eso nos hemos visto reducidos por dejación. Somos responsables; hora es de asumir nuestros errores y actuar en justa medida, pues por lo contrario, las consecuencias pueden ser desastrosas para nuestro modo de vida y la integridad de la tierra que habitamos. Del mismo modo que somos depositarios de la nación de nuestros padres, somos responsables ante nuestros hijos de la nación y el sistema que les legaremos, y señores; esto no es una utopía, la utopía es pretender que el estado, y nuestros políticos lo solucionen todo, y asuman nuestra responsabilidad y derechos de ciudadanos políticos.


Publicado por man1968 @ 22:39
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