Por J. Manuel Areces
La escena política asturiana pierde, espero que temporalmente, a una de las políticas de más raza, tronío y valor con que contaba este erial, en el que campa por sus respetos, y en abundancia, la mediocridad y el clientelismo barato de aldea.
Mucho lujo era para Asturias contar con una mujer como Alicia Castro Masaveu, y muchísimo para el Partido Popular asturiano, en cuyas altas instancias regionales no abrevan precisamente las mejores y más iluminadas mentes del pensamiento liberal español. Salvando dignos exponentes como Gabino de Lorenzo, Francisco Álvarez Cascos y poquitos mas, solo nos quedaba Alicia, de los demás mejor no hablar, pues por sus resultados los conocerás. Por encima de la vaguería y el apego al sueldito del escaño se elevaba como un avión Alicia Castro, un buque insignia que mal, muy mal dejaba a más de un compañero, trabajando duramente, esforzándose, compartiendo su tiempo con la gente de la calle, atendiendo a los militantes de la junta local más lejana de nuestra tierra, y eso no podía permitirse, en una tierra donde las envidias abundan tanto como la niebla no podía admitirse a una mujer luchadora, guerrillera, esforzada y con un tesón del mejor acero asturiano.
Desgraciadamente el ejemplo no puede cundir cuando se navega en un mar de mediocridad y desidia, pero al menos las obras quedan, y todas y cada una de las numerosas actividades de Alicia en el congreso de los diputados, o en el Ayuntamiento de Oviedo, son un monumento al talento y al talante que tanto se precisa en esta tierra para sacarnos del abandono secular en el que nuestros peores gobernantes se esfuerzan en sumirnos de manera irrevocable.
Bien saben los que me conocen que soy poco dado al panegírico y más proclive a zurrar la badana, pero en ocasiones es de justos tener un recuerdo para los que más lo merecen, y hoy es el caso. Triste día para la política asturiana, triste jornada para los que luchamos en esta querida tierra por un futuro mejor, porque hoy nos quedamos un pelín huérfanos.
La Castro lo ha dicho muy claro esta tarde en su habitual estilo contundente, sin medias tintas al pedir a los dirigentes del PP asturiano "responsabilidad" y "generosidad" para dejar paso a "caras nuevas". Blanco y en botella, que nadie busque más vueltas a lo que no las tiene. Desgraciadamente donde el egoismo impera y los militantes y votantes nada importan habrá más de uno que yo conozca que se esten frotando las manos. Marchó el azote de Trevín, de Tini y de algun compañero o compañera (que diría Caldera)y jefe descarriado. Con Alicia marchan los vientos de renovación que apenas mecieron brevemente nuestros rostros aquellos días, tras las elecciones autonómicas, con ella marcha la esperanza de tener un baluarte de asturianía y buen hacer en Madrid, lo dicho, hoy quedamos un poco huérfanos.
Nuestros mejores deseos en sus nuevas andanzas a Alicia, porque a buen seguro que allá donde vaya, movilizará a todo bicho viviente con pico y pala a cada mano, porque así, al menos de esa manera siempre vi a Alicia Castro. Mañana será otro día.