Han pasado unas horas desde el comienzo oficial, a las doce de la noche de ayer, del fin de la falsa tregua de la banda ETA. La de ayer fue una jornada trepidante de comunicados y declaraciones por parte de políticos, personalidades de diverso pelaje, analistas y batasunos, pero para el común de los españoles hay una declaración, la más esperada, la más necesaria; la del Presidente del gobierno que nos ha dejado helados. Zapatero como siempre; ni quito ni pongo, ni frío ni caliente, y que a mi plim.
Algunos cientos de miles de españoles llevamos 14 meses llevando a las calles nuestra protesta, nuestro clamor para expresar que el único camino con ETA es su derrota, que el único espacio para sus componentes es la cárcel, que en definitiva; el dialogo y la cesión no son posibles sencillamente porque lo que piden es inadmisible para un estado de derecho. Solamente los ciudadanos de a pié hemos cumplido con la obligación sagrada de sostener nuestra honra como nación ante la dejación de funciones del estado, en las calles los individuos anónimos hemos mantenido el pulso a ETA, hemos sostenido la lucha, no hemos cedido; dijimos alto y claro que en nuestro nombre no se negociaba. Tras escuchar la indefinida declaración del señor Zapatero, reconocí a un hombre que no llegaba a su camisa, a un personaje débil que parecía tender un último puente de comunicación a los terroristas, a un hombrecillo que se aferraba a un postrer hilo de esperanza, que vive en una burbuja y no es capaz de reconocer su craso error.
Lo que debe preguntarse la sociedad española es si desea salir de esa burbuja en la que hemos convivido con el Presidente. Conviene recordar las cosas: hemos pasado este año por el trago de escuchar a los hermeneutas socialistas y allegados explicarnos los cambios de sensibilidad en la “izquierda Abertzale”, las bondades del Otegui el “hombre de paz”, la factibilidad del “proceso de paz”, hemos visto iluminarse los rostros de muchos crédulos con la perspectiva de una pax a la irlandesa.
Entre tanto ETA robaba pistolas, probaba coches bomba, reanudaba la guerra urbana, formaba comandos y extorsionaba a empresarios, todo ante la mirada impasible de nuestros gobernantes. Frente a ello, Fungairiño o Rosa Díez eran purgados, Conde Pumpido sometía la carrera fiscal a las demandas terroristas, se permitía al PCTV campar por sus respetos en el parlamento vasco, Otegui y su formación ilegal salían a las calles, a cara descubierta, sin presión policial, y finalmente el asesino en serie, De Juana, salía a la calle tan campante. La guinda se sirvió en estas elecciones municipales, con el proceso de negociación ya fiambre, con la alerta por la cesión de Navarra; un Zapatero necesitado de una victoria electoral, consciente de que las negociaciones habían fracasado, amañó con los asesinos un pacto in extremis; dejar presentarse a ANV a cambio de no sufrir atentados durante la campaña. Bien, no sé que más debe suceder para que la España adormecida por el pensamiento Alicia despierte ante la cruda realidad que jamás dejo de estar presente: Señores, ETA les ha engañado, Zapatero miente más que habla, es un iluminado, ¿qué piensan hacer por la nación?.
Me niego a creer que hayamos llegado a tal grado de pasotismo, dejadez, hedonismo y ceguera, como para no salir a las calles para derribar a este gobierno y enviar a su Presidente a la cárcel por traidor; por poner en peligro nuestra seguridad, por saltarse la moralidad a la torera, por humillar y perseguir a las víctimas.
Solo caben las siguientes medidas con carácter de urgencia: Devolver a De Juana a la cárcel, condenar a Otegui y toda su banda, ilegalizar el PCTV y ANV (el artículo 12 de la ley de partidos permite evitar que tomen posesión de sus cargos), perseguir a ETA hasta las antípodas y meter a los violentos cachorros callejeros en la cárcel, punto y final.
Algunos analistas reclamaban ayer todas estas medidas al Presidente del gobierno, lamentablemente no puede ser, este señor no es de la confianza de la nación española, porque ha traicionado lo más sagrado en aras del interés de su partido. No es válido reclamar el mensaje de la unidad frente al terror como tabla de salvación para un gobierno fenecido, es otra trampa más, porque este gobierno, este Presidente son del interés de ETA. Solo cabe la derrota de los terroristas, su persecución si tregua, la “paz” sin tal derrota es una ilusión, pero sin Zapatero señores, no se engañen, se precisa la unidad pero guiada por una mano firme y honrada, hora es de reclamar responsabilidades. Zapatero debe dimitir o ser dimitido ipso facto, su tiempo ha pasado, se lo llevó el cierzo etarra junto a sus falsas esperanzas.