Por J. Manuel Areces
Hay momentos en la historia en los que ante la inexistencia de toda posibilidad de acuerdo, cuando tus enemigos te sitúan entre la espada y la pared, no queda otra opción que echarse en los brazos del destino y avanzar en pos de un conflicto inevitable. Así le sucedió a Cayo Julio Cesar, cuando cercado en plano político por la alianza senatorial capitaneada por Pompeyo, y al borde del desprestigio y la perdida de sus honores y poder, se vio obligado a tomar la alternativa del enfrentamiento abierto, así el 13 de enero del año 49 A.C. cruza el Rubicón con una legión y se adentra en Roma para una inevitable guerra civil.
Ayer en el congreso de los diputados, durante la sesión extraordinaria celebrada para definir la nueva política del gobierno respecto a ETA, Rajoy debió de pensar largamente en la situación que se planteó a Cesar. El discurso del presidente Zapatero manifestó a las claras que no pretendía volver al Pacto por las libertades y contra el terrorismo, el discurso de Zapatero era una clara y evidente encerrona cuyo único objetivo consistía en persistir en su fanática política de aislar al PP de la vida política nacional. Es evidente que sobre el juicio de los estrategas socialistas pesaban dos cuestiones muy claras, la primera era el evidente fracaso de su estrategia de dialogo con ETA, eje central de la política gubernamental que había fracasado, y esto era reconocido públicamente con lo que no había manera de taparlo, y por tanto la segunda, a la vista de los estudios demoscópicos, que una importante masa de votos pendúla hacia las posiciones del Partido Popular.
Ante esta situación y con el poder en sus manos, una mente radical y trasnochada, que vive permanentemente en la inopia de una república fenecida, solo puede optar por la solución más agresiva, pero también más arriesgada, reeditar el frente popular y aislar al enemigo, volcando sobre el todas las culpas, -yo quiero la paz y te ofrezco formar parte de mi entente-, -si te inclinas ante mi, diré que eres bueno y demócrata, si no cedes; serás aislado y reprimido-. Así estuvieron las cosas en el congreso, Zapatero no puede volver al pacto que el mismo destruyó porque no puede admitir su fracaso, dado que esto sería lo mismo que verse obligado a convocar elecciones anticipadas, todo se lo jugó a una carta y en ella le va la vida y el prestigio. Muchos titulares de prensa abren hoy con la dureza del discurso de Mariano Rajoy, pero visto el contexto, ¿Qué otra cosa podía hacer?, hemos llegado a un punto en el que se han puesto en juego principios y maneras de ver España, un momento en el que ante la alternativa del conmigo o contra mi, no hay otra opción.
Mariano Rajoy ha tenido que cruzar el Rubicón, por mucho que le pese, y con el todos los españoles que teneos una manera de ver la lucha contra el terrorismo, que tenemos una idea de España, Alea iacta est, la suerte está echada, y se ha iniciado un camino sin retorno, nos adentramos entre las brumas de un destino incierto, pero conscientes de que la estrategia de enfrentamiento y el sectarismo decimonónico del presidente del gobierno no permiten otra cosa, ya no queda sino batirse. Por ello todos los ciudadanos hemos de ser muy conscientes del panorama que se avecina, no podemos culpar a Mariano Rajoy de que no dialogue con Zapatero, porque sencillamente tal dialogo es imposible, no puede ser, no se puede apoyar algo que es básicamente malo a sabiendas, no se puede ceder al chantaje de ETA, no se puede poner la integridad nacional en juego, no se puede apoyar un montón de palabrería hueca sin un programa concreto, es imposible desde todo sentido de estado.
Precisamente de sentido de estado se trata la cuestión, porque el modelo de lucha contra ETA nos lleva a pensar en el país en que deseamos vivir, ¿qué queremos para nosotros y nuestros hijos?, ¿a donde nos dirigimos?, ¿cual es nuestro rumbo?. Estas preguntas se han de plantear para saber cuales han de ser nuestras señas de identidad como nación, ¿queremos vivir en una sociedad democrática?, ¿necesitamos que las leyes se cumplan?, ¿admitimos la violencia como arma política?, ¿qué clase de convivencia deseamos?, estas son cuestiones serias, son principios y un presidente no nos puede demandar que actuemos a ciegas y renunciemos a ellos por una paz etérea y simbólica, por una utopía fantasiosa, por su propio medro electoral.
Puede que muchos ciudadanos reaccionen instintivamente ante la palabra paz con una sonrisa y un punto de esperanza en el corazón, pero aquí no importan las palabras, sino los conceptos, esto no es ir a un concierto como el de woodstock. Precisamente y como de conceptos tratamos, aclarémoslos: En primer lugar para llegar a la paz tiene que haber una guerra, y por principio me niego a admitir que estemos en guerra contra ningún pueblo o país, hay un conflicto contra una banda de delincuentes que pretenden usurpar una parte del territorio nacional e imponer un sistema político totalitario y racista, eliminando toda opción a que los vascos vivan en una sociedad libre, que es la española. En segundo lugar para dialogar hay que aceptar que el contrario está dispuesto a aceptar condiciones, y desde un estado de derecho, en el que impera la ley, y la voluntad de la mayoría no se puede ceder al chantaje de una minoría que representa a cien mil personas, y mucho menos cuando para defender sus postulados hacen uso de la violencia armada, el asesinato político y la extorsión. Esos son los conceptos que hemos de manejar y sobre los que debe fundarse cualquier estrategia política, en democracia solo hay un lugar posible para ETA y se llama cárcel, solo hay un negociador frente al que sentarse, el pueblo español soberano, y solo existe un marco que aceptar, el que fija la constitución de 1978, lo demás está fuera de lugar. Pues bien, Zapatero se ha saltado todo eso a la torera, con el beneplácito de un parlamento de corte radical y de un pueblo español sensiblero y engañado por los cantos de una sirena pacifista, y Zapatero ha fracasado, y ha fracasado por un claro problema de incompetencia y de falta de apreciación política, o de sentido común si se quiere, porque a ETA la conocemos todos, y con ETA no se puede hablar, o cedes a su chantaje o volverá a matar, no hay termino medio ni enjuague posible.
Expuestos los conceptos y los principios inviolables con los que nos podemos manejar, ahora nos toca a los ciudadanos decidir, porque esto ya no es una cuestión de peleas entre políticos, esto es un claro referéndum para nuestra sociedad sobre el modelo de España que deseamos, y no nos olvidemos, la culpa en este caso no ha sido del PP, todo este problema lo ha creado Zapatero por iniciativa propia y en él estamos todos metidos, ahora nos toca solucionarlo. Y solo hay dos soluciones a mi modo de ver, o cedemos o luchamos contra ETA, o apoyamos a Zapatero o a Rajoy, no hay medias tintas que valgan, la suerte está echada.