martes, 05 de diciembre de 2006

El manifiesto totalitario

Por J. Manuel Areces

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Está visto que lo de ETA le está saliendo fatal al presidente del gobierno, y la alianza de civilizaciones se le derrumba, ayer se reunieron, Alemania, Polonia y Francia para decir que a el Turco no se le da ni la hora. Por tanto Zapatero precisa urgéntemente salir con algo que nos haga desviar nuevamente la mirada, y ese algo es un manifiesto impresentable, que con motivo del aniversario de la constitución de 1978, pretende de carambola justificar la ley de la memoria histórica y la asignatura para la educación de la ciudadanía. Dicho manifiesto al menos nos sirve para confirmar, en escasos cuatro folios, la ideología del nuevo socialismo a saber: sectaria, iletrada, filomasónica, krausista, antihistórica y papanatas, fiel producto de lo mejor del pensamiento Alicia.

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Este texto producto del inefable mamporrero Alvaro Cuesta, diputado asturiano con una larga tradición de defensa del laicismo extremista, muestra a las claras el terrorífico futuro que diseñan para su modelo de España utópica y revolucionaria. El PSOE está tratando de retornarnos al pasado mediante un proceso de meter a toda la población en una especie de maquina del tiempo, maquina que lejos de contar con engranajes, se encontrará en las páginas de los futuros libros de texto que pretenden crear al albur de su nueva visión del mundo. Esta cosmogonía socialista recuerda mucho a los tiempos en que Hitler y sus nacionalsocialistas pretendían gobernar el mundo, mediante el uso de la propaganda, negando la existencia de la historia real, creándo una historia oficial, quemando libros no aceptados, matando o encerrando al opositor, reeducando a la juventud con nuevas doctrinas místicas, de hecho se reescribieron los mapamundis.

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La filosofía mística nazi, recuerda a todo lo que hoy sucede: del mismo modo que Hitler llevaba los orígenes de la nación aria al Valhala, Zapatero y Cuesta nos retrotraen al paraíso idílico de una republica ideal donde todo era paz y convivencia democrática, donde las leyes se respetaban, y aquellos gigantes de la política, precursores del frente popular, gobernaban paternalmente a un pueblo hinchado de cultura, educación, valores y pan.

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Consecuencias del manifiesto laico las vemos por todas partes: de un lado la mencionada asignatura para reeducar a la ciudadanía, de otro ejemplos claros de la cosmogonía sociata, como por ejemplo lo sucedido recientemente en el Colegio Público Veneranda Manzano, en Oviedo, que suprime este año la fiesta de Navidad y el Carnaval de su programación. La dirección y el claustro de profesores acordaron no celebrar el tradicional festival navideño a pesar de que los padres y madres han expresado su malestar por esta decisión. La falta de tiempo y espacio y criterios pedagógicos como la escolarización en el centro de alumnos de diversas culturas y religiones motivaron esta decisión, según explicaron a padres de alumnos del Veneranda Manzano. Otro ejemplo de esta reversión de la realidad es la propuesta de cambio horario para Galicia. Los nacionalistas del BNG quieren que el huso horario gallego se adapte al de Canarias y Portugal. La idea de los nacionalistas y su líder, Anxo Quintana, según han aprobado en la XII Asamblea “Nacional”, es diferenciar los husos horarios de Galicia del resto de España, adaptando la hora a la de Portugal y Canarias. O sea, "una hora menos en Galicia". No hablemos de las definiciones de nación producidas por los paletos regionales para sus comarcas y provincias.

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Estamos viviendo en la Alemania en 1930, o peor, vivimos en la España que siempre quiso el frente popular, y que Franco y media España les negaron. Como dice Gustavo Bueno, estamos detrás del espejo de Alicia, en el país de las maravillas, donde todo es al revés, donde el tiempo se puede cambiar, donde los conejos hablan, donde la historia es distinta a como fue. Cuenta una fábula, que si metes a una rana en agua hirviendo escapará de una salto, pero si la metes en agua fría y calientas lentamente el recipiente, la rana no escapará a su muerte. Esto está sucediendo en España hoy en día, nos tienen anestesiados, están subvirtiendo nuestros valores culturales, rompiendo nuestra histórica unidad y hasta suprimiendo la lengua común, todo ello en bajito y sin escándalos, vestido con grandes palabras, como paz, democracia, modernidad, libertad, amor, o igualdad; lo cual lo hace más macabro y terrorífico si cabe. Están cercenando nuestra libertad, nuestra capacidad de decisión, nuestra libertad a optar.

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El estado, se ha convertido en padre y madre, y sustrae a los padres biológicos el derecho a la educación de sus hijos, convirtiéndolos en imbeciles sin valores, agresivos e iletrados, es decir, el votante ideal para el PSOE y su proyecto revolucionario y carca, producto de la cosecha de la revolución frustrada de los años 30.

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Adjuntamos las perlas vertidas en el manifiesto por la laicidad que se ha sacado Cuesta de la manga:

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En el año 2006 España conmemora el XXVIII Aniversario de la Constitución de 1978 que, junto a la Constitución de 1931, representa la más alta plasmación en la historia del pueblo español de su voluntad de vivir en un régimen democrático. Se trata, como cada año, de un acontecimiento que debe llenar de orgullo y satisfacción a los españoles pues, no en vano, tras la quiebra del régimen republicano y con él, de la legitimidad democrática, el vivido desde la promulgación de la Constitución del 78, ha sido el único período constitucional de normalidad democrática y estabilidad política.

Los fundamentalismos monoteístas o religiosos siembran fronteras entre los ciudadanos. La laicidad es el espacio de Integración. Sin laicidad no habrían nuevos derechos de ciudadanía, serían delitos civiles algunas libertades como la interrupción voluntaria del embarazo, el matrimonio entre personas del mismo sexo, … y dejarían de ser delitos el maltrato a la mujer, la ablación o la discriminación por razón de sexo. Sin laicidad sería difícil evitar la proliferación de conductas nada acordes con la formación de conciencias libres y críticas y con el cultivo de las virtudes cívicas.

Desde la laicidad se garantiza la convivencia de culturas, ideas y religiones sin subordinaciones ni preeminencia de creencias, sin imposiciones, sin mediatizar la voluntad ciudadana, sin subordinar la acción política de las Instituciones del Estado Social y Democrático de Derecho a ningún credo o jerarquía religiosa. La Laicidad es garantía para desarrollar los derechos de ciudadanía ya que el Estado Democrático y la Ley, así como la soberanía, no obedecen a ningún orden preestablecido de rango superior, pues la única voluntad y soberanía es la de la ciudadanía.

Creemos que el respeto a todas las opciones que suscita la vida personal y social, el respeto de la discrepancia y de la diferencia y la apreciación de la riqueza de la diversidad de concepciones y valoraciones son pilares esenciales del entendimiento democrático. Sin embargo, el cultivo del derecho de libertad de conciencia y la autonomía moral, ideológica o religiosa de los individuos, debe conciliarse con la potenciación del mínimo común ético constitucionalmente consagrado integrado por el conjunto de valores que constituyen las señas de identidad del Estado Social y Democrático de Derecho: igualdad, libertad, justicia, pluralismo, dignidad de la persona y derechos fundamentales.

En una sociedad cada vez más plural en la que se hallan en circulación pluralidad de códigos éticos, fruto, entre otros factores, de la generalización de los movimientos migratorios, uno de los desafíos más importantes que se plantean a los poderes públicos tras veintiocho años de vigencia constitucional, es contribuir a la formación de “conciencias libres, activas y comprometidas” con el “mínimo común ético constitucional”, esto es, con el patrimonio común de valores constitucionalmente consagrado.
Y es en dicho marco donde el legislador democrático ha asumido la parte de responsabilidad que le corresponde incluyendo en la nueva Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, una materia que trata de dar cumplimiento al mandato constitucional de promocionar los valores que integran lo que el ilustre constitucionalista Francisco Tomás y Valiente dio en llamar “ideario educativo constitucional” recogido en el artículo 27.2 de la Norma Suprema. La Constitución española del 78 no diseña una enseñanza valorativamente neutral sino que hace pivotar el sistema educativo sobre el deber de trasmitir y promocionar el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales como el modo más adecuado para consolidar y perpetuar la vigencia del propio régimen constitucional y la convivencia de todos.
En el vigésimo octavo aniversario de la Constitución española de 1978, los socialistas queremos manifestar nuestro compromiso con el fomento inobjetable de la ciudadanía como eje de la democracia y por ello nos congratulamos de la creación de una nueva materia curricular que no hará sino fortalecer dicho valor .

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