jueves, 30 de noviembre de 2006
La mirada de María San Gil
Por J. Manuel Areces
No podré olvidar por muchos años que pasen la mirada de María San Gil y la expresión del verdugo Txapote, durante el juicio por el asesinato de Gregorio Ordóñez.
Muchos meses ha tenido que sufrir María al ver como ese sindicalista del crimen separatista vasco se reía de sus victimas ante las cámaras, como hablaba con su compañera en el asesinato de Miguel Angel Blanco como si el juicio no fuera con ellos, como despreciaba a jueces y fiscales, como hacía muestra de su falsa gallardía.
La dirigente 'popular' relató cómo creyó que se trataba de una 'broma macabra' cuando vio que una pistola apuntaba la nuca de su compañero. Segundos después, caía muerto. 'Txapote' acumula ya condenas por 180 años de cárcel en España, está pendiente de tres nuevas sentencias y será devuelto a Francia el próximo día 15 de diciembre, donde debe permanecer otros seis años encarcelado.
San Gil, entonces secretaria personal de Ordóñez, comía frente al teniente de alcalde, en una mesa del restaurante donostiarra 'La cepa', cuando, sobre las tres y media de la tarde, un terrorista entró en el local y le quitó la vida. 'Fue un segundo -declaró-. Vi la pistola en la nuca de Gregorio y pensé: 'Menuda broma macabra! Era impensable. Pero, inmediatamente, la cara de Gregorio se desfiguró por completo'.
El asesino etarra Txapote se ha quedado clavado y ha tenido que bajar los ojos y la cerviz ante la mirada valiente, desafiante, cargada de indignación que le ha dirigido María San Gil. Una mirada puede tener mucho que decir, y la mirada de María le ha dicho al asesino que no tiene miedo, que no piensa abandonar, que va a seguir luchando por la libertad de los ciudadanos vascos, María le ha dicho que ETA perderá.
Del mismo modo que esa misma mujer tuvo que mirar al etarra el día que colocaba la pistola tras la nuca del inolvidable Gregorio Ordóñez, hoy María ha podido devolver la mirada con orgullo, traspasando el frío cristal antibalas que en esta ocasión no pudo proteger al asesino, hoy ya no hay chanzas ni risas, Txapote no ha podido mantenerse firme ante la mirada de una de las mujeres de raza que nos ha dado la política vasca, no ha aguantado el tipo. Dicen que el tiempo nos pondrá a todos en nuestro lugar, y desde luego los dioses han sido magnánimos con San Gil, dándole la oportunidad de vivir para poder mirar a la cara al asesino de su compañero y poder contribuir a meterlo entre rejas.
Ante situaciones como esta no podemos olvidar que las víctimas, más que nunca necesitan memoria, dignidad y justicia. Los carniceros etarras no pueden salir de la cárcel la paz no precisa de los atajos facilotes del ilusionista Zapatero. La paz solo se puede construir desde la derrota y el encarcelamiento de los malhechores. Los asesinos no pueden salir a la calle mientras haya victimas que han tenido que sufrir un calvario de por vida, Zapatero no tiene derecho a erigirse en adalid de una paz no deseada por el conjunto de las sociedad y unos pocos, nuestras victimas, que son un ejemplos, claros, firmes y perennes de cómo se debe convivir y actuar en democracia.
Si existen leyes están para cumplirlas, si existen cárceles son para los asesinos, cada cual tiene su lugar en democracia, y cada cual, por tanto, ha de ser responsable de sus actos, no hay amnistías, ni acercamientos, ni enjuagues políticos que valgan en nuestro sistema; solo están las reglas del juego que hemos aceptado la mayoría, y por tanto un solo terreno donde trabajar, lo demás queda fuera de la ley.
No podré olvidar por muchos años que pasen la mirada de María San Gil y la expresión del verdugo Txapote, durante el juicio por el asesinato de Gregorio Ordóñez.
Muchos meses ha tenido que sufrir María al ver como ese sindicalista del crimen separatista vasco se reía de sus victimas ante las cámaras, como hablaba con su compañera en el asesinato de Miguel Angel Blanco como si el juicio no fuera con ellos, como despreciaba a jueces y fiscales, como hacía muestra de su falsa gallardía.
La dirigente 'popular' relató cómo creyó que se trataba de una 'broma macabra' cuando vio que una pistola apuntaba la nuca de su compañero. Segundos después, caía muerto. 'Txapote' acumula ya condenas por 180 años de cárcel en España, está pendiente de tres nuevas sentencias y será devuelto a Francia el próximo día 15 de diciembre, donde debe permanecer otros seis años encarcelado.
San Gil, entonces secretaria personal de Ordóñez, comía frente al teniente de alcalde, en una mesa del restaurante donostiarra 'La cepa', cuando, sobre las tres y media de la tarde, un terrorista entró en el local y le quitó la vida. 'Fue un segundo -declaró-. Vi la pistola en la nuca de Gregorio y pensé: 'Menuda broma macabra! Era impensable. Pero, inmediatamente, la cara de Gregorio se desfiguró por completo'.
El asesino etarra Txapote se ha quedado clavado y ha tenido que bajar los ojos y la cerviz ante la mirada valiente, desafiante, cargada de indignación que le ha dirigido María San Gil. Una mirada puede tener mucho que decir, y la mirada de María le ha dicho al asesino que no tiene miedo, que no piensa abandonar, que va a seguir luchando por la libertad de los ciudadanos vascos, María le ha dicho que ETA perderá.
Del mismo modo que esa misma mujer tuvo que mirar al etarra el día que colocaba la pistola tras la nuca del inolvidable Gregorio Ordóñez, hoy María ha podido devolver la mirada con orgullo, traspasando el frío cristal antibalas que en esta ocasión no pudo proteger al asesino, hoy ya no hay chanzas ni risas, Txapote no ha podido mantenerse firme ante la mirada de una de las mujeres de raza que nos ha dado la política vasca, no ha aguantado el tipo. Dicen que el tiempo nos pondrá a todos en nuestro lugar, y desde luego los dioses han sido magnánimos con San Gil, dándole la oportunidad de vivir para poder mirar a la cara al asesino de su compañero y poder contribuir a meterlo entre rejas.
Ante situaciones como esta no podemos olvidar que las víctimas, más que nunca necesitan memoria, dignidad y justicia. Los carniceros etarras no pueden salir de la cárcel la paz no precisa de los atajos facilotes del ilusionista Zapatero. La paz solo se puede construir desde la derrota y el encarcelamiento de los malhechores. Los asesinos no pueden salir a la calle mientras haya victimas que han tenido que sufrir un calvario de por vida, Zapatero no tiene derecho a erigirse en adalid de una paz no deseada por el conjunto de las sociedad y unos pocos, nuestras victimas, que son un ejemplos, claros, firmes y perennes de cómo se debe convivir y actuar en democracia.
Si existen leyes están para cumplirlas, si existen cárceles son para los asesinos, cada cual tiene su lugar en democracia, y cada cual, por tanto, ha de ser responsable de sus actos, no hay amnistías, ni acercamientos, ni enjuagues políticos que valgan en nuestro sistema; solo están las reglas del juego que hemos aceptado la mayoría, y por tanto un solo terreno donde trabajar, lo demás queda fuera de la ley.

