sábado, 19 de agosto de 2006
Por José Manuel Areces

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Nuestros políticos tienden a ver el futuro en plazos no superiores a cuatro años, lo que suceda mas allá no resulta de su interés, su trabajo está en el corto plazo y la medida de dichos intereses se centra en obtener más y más votos para continuar en el poder. Esta visión tan práctica de su vida profesional contrasta con los intereses generales. Así, España permanecerá en el futuro a pesar de sus políticos, pero precisa que estos , por mandato popular, construyan con una visión a mayor plazo, de esta manera se engrandece a una nación. Esta visión que aporto puede parecer un tanto idealista, pero todos sabemos, llegados a un punto de nuestra vida, lo que da buenos y malos resultados, que para recoger hay que sembrar, y que cierto amor a la patria no desentona con la realpolitik.

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En estos días estamos viendo los efectos desastrosos de la políticas cortoplazistas de hace tan solo dos años. La ley de inmigración, y el follón creado por el ministro Caldera, entregando papeles a tutti plen para legalizar inmigrantes, ha generado un efecto llamada tan brutal como nunca se ha visto en este país. Solo basta con abrir cualquier periódico (incluido el país) para ver las avalanchas de cayucos que llegan a las costas de Canarias. La situación se ha vuelto insostenible, y el gobierno calla. Jugar ante el electorado con el sufrimiento ajeno siempre fue una especialidad de la izquierda en su afán por mostrar un perfil solidario, pero traicionar a dichas masas también ha sido otra característica propia de ellos, solo basta ver el caso de los saharauis, abandonados por este gobierno en manos del dictador Mohamed VI, satisfaciendo de esta manera los oscuros intereses de marroquíes y franceses.

De poco sirve lanzar una mirada a la historia, o al menos a nuestro entorno, los políticos se mueven por instinto y cejan permanentemente en su responsabilidad ante la historia, si pierden; pues que el que llegu,e que se haga cargo del marrón. Recientemente podemos observar un salto más en esta loca y ciega carrera de la política profesional made in spain, es el caso de la propuesta que se está estudiando para permitir el voto de los extranjeros en las elecciones municipales y autonómicas. Parece que todos los partidos se disputarán dicho voto con tal de ganar más poder, y esto merece una reflexión sobre las consecuencias a largo plazo.

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Lancemos nuestra a mirada alrededor, y veamos lo que sucede en otros países de nuestro entorno, con mayor tradición en la acogida de inmigrantes. En Francia aún humean los rescoldos de las recientes batallas campales habidas en los extrarradios parisinos. Miles de hijos de inmigrantes, nacionales franceses, levantando sus iras contra el estado. En Inglaterra se sufre el atentado del 7-J, en Londres, y lo perpetran hijos de pakistaníes nacidos en las islas británicas. Más recientemente se ha frustrado otro atentado por parte de ingleses del mismo origen, entrenados en el norte de la isla, y financiados con fondos recogidos por mezquitas británicas, todo queda en casa. Hace un par de días el lobby islámico, de nacionalidad británica, se atreve a exigir al primer ministro Blair, que varíe su política exterior respecto a Iraq e Israel. No olvidemos el reciente escándalo de las viñetas de Alá.

Voy a tocar un tema espinoso, como es la religión y el origen de los inmigrantes, pero entiendo que las muestras precedentes dan que pensar. A riesgo de ser tratado como racista por los políticamente correctos debo señalar que las coincidencias que se establecen son preocupantes y que debemos empezar a discriminar entre inmigrantes según su confesión y origen. Vivimos en occidente, procedemos de una cultura que es tratada por el Islam como satánica. Resulta que somos el enemigo de todos los creyentes en Alá y representamos para ellos los peores valores, lo más ofensivo para un buen musulmán, la corrupción en estado puro. Sin embargo nuestros gobiernos se deshacen en parabienes, en un vano intento, de transformar a personas cuya fe es más fuerte que los supuestos valores de sus gobernantes: Craso error. Disfrutamos con nuestra civilización y con el sistema político que nos hemos dado, aquí hay libertad de confesión y cualquiera que se acerque a nuestras costas debe aceptar las reglas del juego, pero no es así. Solo tenemos que dar un paseo por algunos barrios madrileños para observar los guetos que se están creando los propios musulmanes, ellos desean nuestro dinero, un puesto de trabajo, pero vivir según sus costumbres, no pretenden adaptarse. Los casos Francés y Británico hablan por si solos; un salto generacional no ha servido de nada y la integración es ficticia, de hecho somos nosotros los que debemos adaptarnos a nuestros visitantes.

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Si nuestros políticos dan a los inmigrantes, especialmente los musulmanes el derecho al voto, puede que consigan a corto plazo los resultados deseados, pero a largo estos crearan sus propios partidos y lobbys, pretenderán, amparándose en su unidad, lograr concesiones para su comunidad, y debido a las enormes diferencias que nos separan, a su negativa a aceptar nuestros valores y sistema de vida, nos encontraremos con un problema en nuestro propio territorio. Parece que nuestro gobierno, y la clase política en general, no aciertan a ver más allá de su propio medro. Una cosa es la solidaridad, los valores cristianos, la hospitalidad, y otra es la estupidez y la estrechez de miras. Los musulmanes españoles, crearán sus propios partidos y sindicatos, tendrán sus propios representantes electos, y nosotros nos encontraremos con un problema de difícil solución. Mientras estúpidos como Llamazares o Zapatero nos llaman racistas, están sembrando los problemas del futuro. Esto no es una cuestión racial, sino una guerra de religiones, y una disputa de formas de ver el mundo. Los mismos que estrechan el cerco a la iglesia católica en pro del laicismo, abren mezquitas y espacios a la sociedad teocrática, esto es un sinsentido.

El presidente argelino Huari Bumedian, decía proféticamente: Un día millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irán a conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos de la victoria.

Aún estamos a tiempo de meditar sobre estas cuestiones y de tomar medidas, no me opongo a la inmigración si es controlada, es decir; legal y con una selección de los pueblos que acogemos. No podemos meter en la misma olla de votantes a Hispanos, eslavos o musulmanes, esto es un error cuyas consecuencias estamos viendo en nuestro entorno más inmediato.De lo contrario, el tan odiado racismo, y nuestros peores valores, surgirán entre la sociedad futura como reacción defensiva al problema que hoy todos estamos permitiendo.
Publicado por Desconocido @ 11:20
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