Por J. Manuel Areces
Estos días estoy releyendo la edición resumida de la “Segunda guerra mundial” de Winston S. Churchill, sin lugar a dudas es una lectura amena y despierta importantes alarmas ante la vigencia del tema, especialmente en los dramáticos tiempos que vive nuestra democracia.
En la primera parte de su libro un Churchill, de una parte historiador, y de otra protagonista, analiza meticulosamente las causas que llevan a los principales dirigentes de la Europa de entreguerras a una política pacifista y blanda frente a los abusos permanentes del partido nacional-socialista. Lo más chocante es la aplastante muestra de oportunidades que tuvieron Francia e Inglaterra para evitar el estallido de la guerra de raíz y lograr desterrar el totalitarismo de Europa. El problema consistió básicamente en que los lideres de las democracias parlamentarias de la época estaban más pendientes de los problemas locales, los intereses electoralistas y de cuidar una imagen de pacificadores populistas que de la paz en realidad, sorprende ver como los mismos complejos han caracterizado a políticos de todas las épocas, sorprendiéndonos igualmente como los partidos populistas-socialistas siempre han utilizado el lenguaje de la paz como medio irresponsable para conseguir votos, pero también para cosechar amargos conflictos.
Está permanentemente demostrado que el beneficio político a corto plazo genera réditos a largo de inestabilidad, debilidad, y pobreza. La historia ha demostrado en innumerables ocasiones que el sostenimiento de la paz en nuestra vieja Europa va acompañado de la posesión de la fuerza (que no de su uso), la razón y de firmes convicciones; de esta manera y no de otra se mantiene la paz y la estabilidad, gracias al pulso firme y al imperio de la ley. Puede que a nuestros políticos de hoy igualmente les interese el beneficio a corto plazo, pero no debemos por ello hacer oídos sordos a las lecciones de la reciente historia europea.
Resulta doloroso observar como un proceso claro y evidente de crecimiento de las fuerzas totalitarias en una Alemania empobrecida por la guerra y machacada por los tratados de Versalles, pudo haberse evitado con simple sentido común, en lugar de dejarse llevar por la imposición de condiciones inaceptables para un pueblo, con la única excusa de satisfacer el ánimo de venganza de los ciudadanos de los países aliados. Francia y Gran Bretaña tuvieron numerosas oportunidades en el ínterin de los años 20 y 30 para favorecer la democracia en Alemania y la estabilidad económica, pero no hicieron nada. Y cuando era tarde, cuando los nazis llegaron al poder, tomaron la postura del avestruz, y en virtud de un pacifismo mal entendido y cobarde permitieron el rearme alemán, la ocupación de territorios aliados y numerosos delitos contra el derecho internacional, si entrever las consecuencias: que la pacificación hace más fuerte al agresor.
La lectura de este libro me ha hecho recordar en numerosas ocasiones la situación de España, y trazar paralelismos con la actualidad. Así Churchill refiriéndose a nuestra guerra civil escribía: -A finales de julio de 1936 la creciente degeneración del régimen parlamentario español y la mayor fuerza de los movimientos favorables a una revolución comunista o, en su defecto, anarquista, trajo como consecuencia una revuelta militar que se venía fraguando hacía tiempo. Forma parte de la disciplina y del libro de ejercicios de los comunistas, establecidos por el propio Lenin, que los comunistas deben colaborar con todos los movimientos izquierdistas y ayudar a conseguir el poder a los gobiernos constitucionales, radicales y socialistas débiles, para después debilitarlos más y arrebatarles el poder absoluto para fundar el Estado marxista. En realidad, se estaba produciendo en España una réplica perfecta del periodo Kerenski en Rusia. La diferencia era que España no estaba destrozada por las guerras extranjeras.-.
No sé si esto nos suena a algo, el proceso radical impulsado por Zapatero con el objeto de suprimir al Partido Popular del mapa político, se basa en la alianza con el resto de grupos radicales, revolucionarios, separatistas y totalitarios que campan por nuestras regiones. Zapatero líder, en mi opinión, de un partido en el que recala el importante sector de la izquierda moderada nacional, ha roto las reglas del juego bipartidista, que es el que puede proporcionar estabilidad a España, con el objeto de atraer a los grupos revolucionarios minoritarios a su lado. A cambio de esto ha preferido ceder la estabilidad nacional y nuestra seguridad con el objetivo estratégico de obtener el liderazgo de la izquierda en un espectro infinito. Este pacto de tinieblas solo puede obtener dos cosas a la larga. O el fracaso electoral del PSOE, o un largo periodo de inestabilidad política, gobernado por partidos bisagras, que es lo mismo que la toma del poder desde las minorías. El problema reside en que estas minorías son de corte totalitario, que sus postulados no favorecen en nada el bien común, a la vista están las agresiones a los partidos políticos en las Vascongadas y más recientemente el brote de ataques en Cataluña, amparado, si no liderado, por ERC y el PSC con el beneplácito de CIU. Si esta situación de agresión, inestabilidad e inseguridad jurídica se mantiene en el tiempo, solo se conseguirá que prosperen grupos menos moderados desde la derecha, que usen los mismos métodos para defenderse.
Así estábamos en tiempos del gobierno del Frente Popular durante la segunda República. Churchill describe así este periodo: -Muchas de las garantías comunes en una sociedad civilizada ya habían desaparecido por la penetración comunista en el decadente gobierno parlamentario. Habían comenzado a producirse asesinatos por ambos bandos, y la pestilencia comunista había llegado a tal extremo que eran capaces de llevar a sus adversarios políticos a la calle, incluso sacándolos de la cama, y matarlos. Ya se habían producido muchos asesinatos de este tipo en Madrid y sus alrededores. El momento culminante fue el asesinato de Calvo Sotelo, el dirigente conservador, que correspondía aproximadamente al tipo de Sir Edward Carson en la política británica antes de la guerra de 1914. Este crimen fue la señal para que entraran en acción los generales del Ejercito. Hacía un mes que el general Franco le había escrito una carta al ministro de la Guerra español dejándole claro que, si el gobierno español no podía garantizar el cumplimiento de la ley en la vida cotidiana, el Ejercito tendría que intervenir-.
Esta es la visión sin paños clientes, desde la lejanía, de la situación española de aquel entonces por parte de un político inglés, informado, y del que nadie duda sobre la importancia de su participación en la política mundial y de su visión de las cosas.
Churchill describe el periodo correspondiente al primer año de la guerra y añade, refiriéndose al heroico episodio del Alcázar de Toledo: -Los cadetes militares defendieron la escuela del Alcázar de Toledo con la máxima tenacidad, y las tropas de Franco, que se abrieron camino desde el sur, dejando tras de sí un rastro de venganza en todos los pueblos comunistas, al final consiguieron liberarlos. Este episodio merece la atención de los historiadores. En esta lucha me mantuve neutral. Naturalmente, no estaba a favor de los comunistas. Habría sido imposible, sabiendo que, de haber sido español, me habrían asesinado a mí, a mi familia y a mis amigos-.
Churchill decía, refiriéndose a la visón estratégica de los Estados Unidos, y un poco criticando a los gobiernos británicos de la época que: -En la guerra y también en la política exterior y en otras cosas, se obtienen ventajas cuando, entre numerosas alternativas atractivas o desagradables, se elige el punto dominante-. El Presidente Zapatero a escogido la peor de las alternativas, ¿por qué?, pues sencillamente porque sus motivaciones son de partido, ergo electorales, Zapatero no piensa en el bien de España, bien podría aprender de Churchill o de otros políticos que si supieron hacer, Aznar incluido, escogiendo alternativas desagradables pero que proporcionan a la larga estabilidad y grandeza al país. A nadie le apetecía enviar tropas a Irak, y a Aznar menos, pero la responsabilidad de los estadistas es buscar el punto dominante, aun siendo desagradable la alternativa escogida, el beneficio estratégico es evidente. Zapatero se ha decantado por adquirir el punto dominante a costa de debilitar a España y de liquidar al oponente, el no cree en España ni en el bien común, sino solo en su beneficio personal y partidario, y en su imbecil e ignorante idea sectaria de una España plurinacional de izquierdas.
Desgraciado es tener por Presidente a un bobo solemne, pero aún más desgraciado es que sea un irresponsable y un desaprensivo. Los experimentos redentoristas de la idea republicana pueden ser discutibles e incluso aceptables, al fin y al cabo el pueblo decide que formula de gobierno desea para sí, pero lo que no puede ser es que volvamos a un sistema totalitario, cargado de una ideología determinista y arcaica, basada en mentiras y falacias, cuyo fin es imponer un panteísmo estatal en medio de un mundo civilizado, suprimiendo la libertad individual y civil. Zapatero debe entender que nadie está por encima del imperio de la ley, que no se puede poner en juego la paz y la estabilidad social por intereses mezquinos, y mucho menos permitir, y hasta favorecer, desde una dialéctica sectaria y de clan, el acoso y la agresión al adversario; eso no es democracia señor Zapatero, eso es totalitarismo y barbarie marxista.