Por J. Manuel Areces
El proceso negociador con ETA, por parte del gobierno Zapatero, ha sufrido un importante cambio de rumbo en esta semana. Inicialmente el debate sobre el estado de la nación se postulaba como el centro de la vida política en estos días, pero la existencia de una serie de amenazas por parte de Batasuna, sobre la posible encarcelación de algunos de sus miembros, y algún dato más que por ahora se nos escapa ha forzado que Zapatero apretara el acelerador.
Teóricamente el asunto ETA no iba a monopolizar el debate en el congreso, existían rumores de un pacto PP-PSOE de no agresión en esta cuestión, pero en el segundo día de debates, Zapatero en respuesta a preguntas del PNV sobre el proceso negociador, dice a Erkoreka:. que "primero la paz y luego la política". No obstante, añadió que "alcanzar el fin de la violencia" será una tarea que "lleve tiempo", pero que no impedirá "que el dialogo político comience". Todo esto coincide con las declaraciones el martes del secretario general de los socialistas vascos, Patxi López; el cual anunció que su formación tiene la intención de mantener una reunión oficial con representantes de Batasuna tras la comparecencia del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el Congreso en la que pedirá permiso para comenzar las negociaciones.
Estas declaraciones han logrado que el Partido Popular reaccione y retire su apoyo al gobierno en el proceso de paz. Como consecuencia el jueves un Zapatero nervioso y demudado se reunió con la prensa para aclarar: que la reunión que va a mantener el PSE con Batasuna no es "un diálogo ni una negociación política de ningún tipo". Zapatero pidió que no se hagan "interpretaciones insólitas", tras sus palabras en el Debate del estado de la Nación, donde dijo, claramente, que la negociación política sería en paralelo al diálogo con ETA. Es más, incluso llegó a reclamar "sosiego, meditación" y "responsabilidad" a los dirigentes del PP. Rajoy ya adelantó en La Mañana de la COPE que "esa reunión" del PSE con Batasuna-ETA "sobrepasa las líneas rojas que le dio el PP" y añadió que si se produce "yo quedo liberado de cualquier tipo de apoyo al Gobierno". Zapatero intentó explicar que no ha cambiado nada y que sigue sosteniendo que primero será la paz y luego la política, en clara contradicción con lo decía este miércoles en el Debate sobre el estado de la Nación, y, en esta ocasión, dijo que el diálogo político se debe producir con las fuerzas que estén en la legalidad.
Con todo esto, el fin de semana ha servido para aclarar más las posiciones, un Zapatero chusco y tajante amenaza al PP y le responsabiliza de estar contra la paz, y la derecha sostiene y mantiene su ruptura, cabreada seguramente más por la traición del presidente al no ponerles en guardia sobre sus planes con Batasuna.
Hasta aquí los hechos, pero todo esto huele a chamusquina. Resulta extraño que Zapatero, por mucha cintura que tenga, se arriesgue a una ruptura con el PP de manera tan veloz y poco suave, cuando tanto le ha costado recabar el apoyo del principal partido de la oposición, extraña también mucho que se permita el lujo de proporcionar excusas a los populares, y más que lo haga con luz y taquígrafos. Más bien parece que algo ha sucedido, que los acontecimientos se han adelantado al Presidente y este ha tenido que sumarse una vez más a la vorágine diaria.
Pienso que las razones hay que buscarlas en el País Vasco, y más concretamente en su complicado entorno político: En el resto de España la mayoría pensamos que Batasuna es el único partido independentista, pero no es así, las Vascongadas tienen un amplio espectro de fuerzas abertzales, coincidentes en algunos de los fines pero divergentes en los métodos.
Así tenemos la plataforma Elkarri que desde 1992 ha venido defendiendo la no-violencia, el diálogo y los derechos humanos a través de múltiples iniciativas públicas y reservadas, tanto en la base de la sociedad y en el ámbito local, como en el mundo de la política. También hay partidos como Ezker Batua (izquierda unida) socio de gobierno del PNV y que desde hace años se posiciona al lado de la izquierda Abertzale, Aralar que está compuesto por ex miembros pacifistas de Batasuna, con ellos AB y Zutik.
Todos estos grupos llevan años defendiendo la independencia desde posiciones pacíficas, y de hecho, son contemplados por Batasuna-ETA como traidores y disidentes. Pero lo cierto es que estos grupos han ido restando votos a Batasuna y sus adláteres del PCTV, hasta tal punto, que los batasunos llevan tiempo realizando una campaña de acoso en los municipios vascos a los ediles de estas formaciones, en dicha campaña se acusa a estos ediles de “LAPURRAK” (ladrones), se les acusa, en definitiva, de restar apoyos a la causa de Batasuna. En esta guerra por apropiarse del proceso de paz, se encuentra el PNV-EA, al que el proceso negociador de Batasuna y PSE les pilló con el pié cambiado, y claro; necesitan subirse al carro de cualquier manera.
El temor evidente de Batasuna consiste en perder el liderazgo del proceso, y el miedo de sus contrarios se basa en perder votos en caso de que Batasuna sea legalizada y comience a recuperar escaños en Vitoria y municipios a lo largo y ancho de las vascongadas. No cabe ninguna duda que, desde la ilegalización de Batasuna, todos estos grupos cosecharon gran número de sus votos y hoy no quisieran perderlos. Batasuna debe, por tanto lograr el monopolio de la pacificación y la liberación de Euskadi para sí. En medio de todo este maremagno el gobierno Zapatero está dando carta de legitimidad a Batasuna al anunciar negociaciones formales, cosa que por otra parte sabíamos que sucedía desde hace cinco años. Lo que el gobierno no entiende, es que Batasuna solo sabe moverse en política mediante la amenaza y el chantaje, no en vano es el brazo político de ETA, y necesita ser legalizada, por obtener votos, financiación y para suprimir a los enemigos internos, los disidentes del nacionalismo vasco, que pueden hurtarles lo que ellos consideran suyo de derecho.
Zapatero tiene una papeleta difícil; por un lado necesita que triunfe el referéndum catalán, pues no olvidemos que los abertzales están muy pendientes de este proceso, ya que les legitimaría para pedir lo mismo para ellos, y por otra no se da cuenta que está tratando con la peor ralea del nacionalismo vasco. Para Batasuna no hay ley que valga si no la usan en su propio beneficio, si es preciso recurrir a la violencia callejera; se recurre, si hay que amenazar a otros abertzales; se les amenaza: lo que sea preciso con tal de obtener el poder absoluto. No olvidemos que se trata de un grupo revolucionario de corte marxista-maoista que recurre a la violencia para obtener sus fines políticos. Pero Zapatero en su profunda incultura ideológica solo entiende que ser de izquierdas es intrínsecamente bueno, y ahí está su fallo; en su ignorancia, pues está jugando con fuego. La apuesta del Presidente del gobierno ha llegado a un punto de no retorno, el control de la situación ha quedado en manos de Batasuna, y se está corriendo por un fino hilo que separa la legalidad de la ilegalidad: esto no lo puede hacer un gobierno que representa a todos los españoles.
Se entiende que el final de todo esto es oscuro, pues en Cataluña es probable una abstención brutal, o incluso que triunfe el no, y desde luego los réditos electorales del Presidente están a la baja; pues el desgobierno nacional es evidente; la situación de la economía amenaza nubarrón, numerosos grupos cívicos van a dar la batalla contra la negociación y el estatut. Demasiados incendios y pocos bomberos, y por mucho que pretenda echar los balones contra el PP, ya nadie cree a este Presidente, que en las encuestas se encuentra por debajo en apreciación de sus vicepresidentes. Hasta Felipe González ha tenido que salir a la palestra para abroncarle. La situación es confusa y Zapatero nos lleva a todos por una montaña rusa sin frenos ni raíles, presa de su propia agitación por retomar el control y convertir su arriesgada apuesta en un triunfo electoral. Solo queda por ver la respuesta de la ciudadanía, tanto en el referéndum catalán, como en las municipales y autonómicas de 2007.