viernes, 12 de mayo de 2006
Por J. Manuel Areces

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Nadie advirtió a Zapatero, en el momento de la jura de su cargo como Presidente, que los momentos de gloria son breves, su celérica llegada al poder, por accidente, deslumbró a este chico de provincias como a otros que, por caprichos del azar, subieron hasta altas cumbres pero no gozaron de las habilidades para mantenerse en las alturas.

Como el aprendiz de brujo, Zapatero trabajó entre probetas, matraces y mixturas, en el laboratorio de Moncloa, para crear el estado de su imaginación, nadie le advirtió, una vez más, que los experimentos con gaseosa se deben hacer. La poderosa posición alcanzada, las alabanzas, el abrazo de la multitud mendicante de compañeros partidarios, nubló la conciencia del Presidente, fascinó su imaginación, y le hizo creerse el elegido de los dioses para la restauración de la república. Y así persiguiendo sombras, pasaron los días entre experimentos, en medio de un permanente espectáculo de artificios, luces y sombras. No por mucho correr, antes se llega al destino; de esta manera debieron advertirle.

El momento ha llegado para conocer el verdadero talante, las habilidades y el conocimiento adquirido por el Presidente, pues el castillo de naipes de la gran transformación nacional comienza a caerse. Atrás quedan los días de vino y rosas, las chanzas por la derrota pepera, las celebraciones republicanas, el luto por el abuelo perdido, los pactos del Tinell, los estatutos nacionalistas, los reformismos sexuales, las reformitas laborales. Fumum et umbra, humo y sombras, ni tan siquiera la amistad con Evo Morales ha sido duradera.

Hoy, sentado entre las sombras de la Moncloa, Zapatero tiene que sentirse muy solo y decepcionado. El destino es caprichoso, tan pronto nos lleva por mares mansos, como nos sumerge en medio de una tempestad. El poder de Eolo ha desatado toda su cólera sobre el aprendiz de brujo, Vulcano arremete contra la economía y acelera la inflacción, Venus mira a otra parte y los aliados en enemigos se convierten, y Marte ceba las pistolas de los etarras desconfiados.

¿Qué queda de la revolución?. Dos años de experimentos se saldan con la división política del antes irrompible pacto del Tinell. El estatut hace aguas por los cuatro costados. ERC promete venganza, y sus aliados filoetarras, ante la caída del govern catalán, desconfían de los poderes reales del Presidente por cumplir sus promesas secretas. Los Navarros se alzan en defensa de sus fueros. Los jueces sentencian contra sus persecuciones políticas. La nación se manifiesta en las calles y el parlamento hierve. Las celebraciones por una república fenecida han pasado de puntillas, no han sacado a la masa proletaria a las calles, pues la masa solo protesta por sus ahorros perdidos. Los dioses han abandonado a Zapatero. Y de sus experimentos solo humo y sombras quedarán. Camelót ha caido, el sueño de una noche de marzo se desvanece, porque al fin y al cabo, los sueños; solo sueños son.

Dos años de desgobierno, de prisas, de inconsciencia, están sumando a España en el caos. El pueblo soberano no necesita más que mirar a su bolsillo maltrecho, al lamentable espectáculo de una clase política de sainete, a la inestabilidad de nuestras relaciones internacionales, y a la arbitrariedad de un gobierno totalitario, para dar la espalda a tanta locura. Gracias a los dioses, España, muy a pesar de sus políticos sigue ahí, con sus desgracias y sus glorias.

El poder de un gobierno profundamente irresponsable no ha podido con una historia de siglos, ni con la verdad. Se demuestra que el destino está con el pueblo y no con los gobernantes que le dan la espalda. Libertad y revolución, hoy, en la España constitucional, son conceptos antagónicos, el personal no está para experimentos que alteren nuestra bien ganada paz. Dos años le restan a Zapatero para enmendarse, o cavarse su tumba política, entre el descrédito y el olvido de la historia y de una nación a la que hoy por hoy no merece gobernar.
Publicado por Desconocido @ 11:18
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