martes, 28 de marzo de 2006

No en mi nombre

Por J. Manuel Areces

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Este domingo nos hemos podido desayunar con nuevas perlas filosófico-demagógicas por parte del Presidente del gobierno. Según ha declarado en una entrevista realizada por el diario oficial El País, ante la posibilidad de atentados durante el proceso negociador con ETA, el presidente asegura que: “Hemos manifestado que el proceso será largo, duro y difícil. Como todo el mundo puede comprender, estamos hablando de 40 años de violencia, de muchas personas implicadas en la violencia, y aunque mi deseo es que no haya ningún accidente, nadie puede descartarlo".

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Parece ser que ahora los atentados el chantaje y la extorsión son meros “accidentes”. El lenguaje para este proceso público se está definiendo, y me refiero a proceso público porque hasta ahora hemos tenido un proceso negociador clandestino de cuatro años. A lo largo de estos meses hasta el verano continuará desarrollándose la hoja de ruta pactada entre Zapatero y ETA, hoja de ruta que venimos denunciando en estas páginas desde hace ya largo tiempo. Los continuos avisos de una tregua, el permanente discurso de que ETA llevaba dos años sin matar, el acceso al parlamento de Vitoria del PCTV, los guiños constantes a Otegui, las depuraciones de Fungairiño y Díez, son todas escenas de un guión escrito hace ya tiempo. Las escenas que veremos ahora se corresponden con el acto final de esta macabra obra, e irán envueltas en el edulcorado lenguaje de la paz y la felicidad para el pueblo; con términos demagógicos como accidente para definir un atentado, pueblo vasco cuando se debe hablar de pueblo español, demandas de los vascos en lugar de chantaje separatista, y si no me creen, al tiempo.

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Lo más vergonzante es la manifestación clara y contundente de la insensibilidad total de este personaje macabro que rige los destinos de nuestra nación respecto a las victimas del terrorismo. Cuando este sábado define los atentados como accidentes ha traspasado una norma ética, no escrita, respecto al trato a las victimas. Estas declaraciones aclaran sobremanera hechos como la designación en el pasado de un comisario político para separar a las victimas, cosa que jamás se vio en este país. Las manifestaciones de desprecio gubernamental constante ante la salida a la calle de cientos de miles de españoles para denunciar la política antiterrorista, se aclaran con lo que hoy vivimos.

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Nada es casualidad, todo tiene su origen y el de este pacto Zapatero-ETA ya no tiene disculpa posible. Si un atentado, o una asesinato son accidentes, debo deducir que a su abuelo no lo mataron en la guerra, sino que sufrió un accidente. Debemos añadir asimismo que tenemos un presidente por accidente, gracias a la masacre del 11M. Presidente que, por cierto, lidera un gobierno que no iba a mentir jamás a los españoles, ¿se acuerdan ustedes de eso?. Nunca hemos negociado con ETA, bueno pues; lo de Suecia, Suiza y Francia, no eran negociaciones, eran contactos, muy bien, ya declaraba Otegui en su libro que llevaba negociando con el PSOE desde antes de las elecciones generales, y parece que le han dado la razón.

Dos encuestas señalan hoy que más del 60% de los españoles duda de las intenciones de ETA, el 80% pide la presencia del PP en este proceso, y el 75% deja claro a Zapatero que solo se negociará la rendición y entrega de armas. El problema es que este presidente solo lee las encuestas de Pepiño Blanco o de El País, y ya ha demostrado que a la calle no la hace ni caso. Zapatero tiene una hoja de ruta, unos pactos, y ya ha demostrado sobradamente que no se desviará ni un milímetro de dicho camino.

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No puedo, no debo olvidar, no tego derecho a olvidar. Como cristiano, como democrata, como liberal, puedo aceptar muchas cosas. Pero no debo olvidar. Los muertos no hablan, nosotros hemos sido su voz estos años.

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No puedo olvidar escenas de mi vida, no puedo olvidar.
No olvidaré el atentado en la dirección general de la guardia civil, aquel muchacho de la garita, cuyas piernas quedaron entre el amasijo de hierros. No puedo olvidar la niña que murió tambien aquel día por que el coche de sus padres pasaba por aquella esquina. No olvidare el llanto de los guardias civiles aquel día, los cristales por el suelo, la sangre seca en las paredes y el eco apagado de la explosión. No puedo olvidar, los muertos no hablan, pero nosotros seremos su voz, esa fué nuestra promesa.

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No puedo olvidar aquel largo día que marchamos por las calles de Madrid; pidiendo la libertad para Miguel Angel Blanco, no puedo olvidar. Horas andando por las calles, sin descanso. Horas de vigilia, de velas blancas por una vida jóven; todos con un deseo que se vió frustrado por una disparo cobarde. No puedo olvidar, que miles, llorando de rabia, con el corazón hecho añicos no nos disolvimos tras el asesinato. Era la madrugada y seguíamos en la calle, no podíamos creer, queríamos luchar, necesitábamos denunciar, gritar; revelarnos contra nuestra impotencia. Seguimos recorriendo Madrid con velas, ojos humedos y gargantas secas y roncas de pedir libertad y vida a gritos, de decir ¡BASTA YA!. Noche negra de banderas blancas por la paz; desafiando a ETA, ofreciendo nuestra nuca desnuda a su puntería cobarde. No puedo olvidar.

No, no puedo olvidar. Los muertos no hablan, pero mientras nos queden fuerzas debemos ganar esta batalla, que es la nuestra; del pueblo español, no de Zapatero. Solo cabe un final para ETA, la rendición; sin condiciones, sin apaños, sin enjuagues. Zapatero no tiene ninguna legitimidad para hablarnos de paz, nosotros hemos sangrado, hemos luchado por esta democracia, la hemos defendido. Zapatero no puede ni debe actuar en este asunto sin nuestro permiso, no en mi nombre; porque los muertos no hablan, pero los españoles no olvidamos.

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