viernes, 03 de marzo de 2006

El momento de la sociedad

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Por J. Manuel Areces

Los últimos meses son testigos de las verdaderas intenciones del presidente del gobierno, cada día que pasa se desvela la trama, y la obra se manifiesta ante nuestros ojos con clara nitidez. Queda claro y patente; que existe un oscuro pacto para suprimir de la vida política española al centro derecha, el catolicismo, los grupos pro nación española y demás estorbos a un proyecto de nuevo régimen, que pretende la subversión del estado tal y como lo conocemos, y su conversión en un paraíso federal de micronaciones gobernadas por grupos filomarxistas y regionalistas.

La irrefrenable caída al vacío a la que nos arrastra nuestro gobierno, con sus políticas desastrosas para la unidad, y el progreso nacional, y el nuevo frente popular creado con los grupos nacionalistas y los paleo-comunistas de IU, están contribuyendo con mano firme a la eliminación política por exclusión del Partido Popular, y con el a todos sus votantes.

Parece mentira que en una democracia, a principios del siglo veintiuno asistamos como espectadores a un proceso político regido por una serie de irresponsables que pretenden resucitar lo peor de la segunda republica, con la clara intención de resarcirse moralmente de los efectos de la guerra civil. Todo esto parece muy fuerte, pero solo debemos ojear los periódicos del día; ya me dirán ustedes. Porque esta no es la típica pelea de políticos, esta situación es más profunda y peligrosa.

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Como consecuencia de la llegada al poder del PP en 1996, se pone en marcha un mecanismo de alianzas entre distintos grupos, con el objetivo de impedir la renovación del mandato popular, y lograr su supresión del panorama político. Y lo más curioso es que estos pactos hoy los revelan personajes como Arnaldo Otegui, que ha revelado públicamente sus conversaciones para la “paz” con el PSOE desde 1995.

Enjuagues y maquinaciones deleznables como el pacto del Tinell, el estatuto catalán, la negociación con ETA, el abandono de las victimas, la supresión de todas las leyes del PP, etc., concatenadas entre si revelan un orden lógico y avalan esta tesis.

El hecho de que los españoles de centro y derecha, los liberales, católicos, etc, no puedan verse ya representados por un partido político está obligando a la creación de organizaciones cívicas que cada día están tomando mayor partido en la calle y medios de comunicación, este es un hecho que ha tomado por sorpresa al gobierno y sus conmilitones. Esta presencia cívica es una reacción lógica ante la falta de protección, es una búsqueda de medios para expresar el descontento social con el gobierno. Gobierno que no escucha a la calle, o mejor dicho a según que calle. Porque el gobierno se reúne con colectivos, pero siempre que puedan ser aceptados como afectos al nuevo régimen. La situación nacional se está pareciendo en lo político cada día más a la de la región vasca. Solo se subvenciona al fiel, solo se escucha al adepto, los demás no se consideran vascos, estamos en las mismas. ¿Qué se manifiesta un millón?, pues decimos que son cien mil y además unos fachas, los descalificamos porque no comulgan con la nueva religión. Pero esto ya nadie lo cree.

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Es triste pensar que tras la derrota mundial del marxismo, en un país sano y democrático aparezcan líderes con afanes revisionistas de viejas quimeras que estaban enterradas en la memoria colectiva. Triste es que mataran en la guerra al abuelo de Zapatero (bueno, al abuelo masón, aunque si participó en la represión de la revolución asturiana del 34. Porque el otro abuelo, del que no se habla, era de derechas. Hasta su familia estuvo dividida). Pero es más lamentable que utilice su memoria para ponerse a la altura de las victimas del terrorismo.

Nuestro presidente es un ser acomplejado y fanático, con una incultura histórica digna de sus leyes educativas, que pretende convencer al común de los españoles de que los del PP son los herederos del régimen franquista. Lo más desgraciado es que la construcción del arquetipo antiderechista funciona, claro; son años educando niños en ikastolas, escolas del guvern, ciclos LOGSE, y falseando la verdad y la historia. Hasta puede que cualquier día nos digan que el triunfo del frente popular el 16 de febrero del 36, no fue un fraude electoral. Parece que pretenden reestablecer el miedo general de aquellas fechas, volcando las iras del pueblo contra el “agresor fascista”. Pero esta España no es la misma de entonces, porque la democracia a prendido con fuerza, porque la mayoría de los ciudadanos son conscientes de sus intereses y poderes, porque hemos experimentado la alternancia y porque la gente está informada y en contacto con el resto del mundo. Por ello no es posible un experimento redencionista de aquellos tiempos.

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Se precisan nuevos modelos para fortalecer el estado, Alemania de la que siempre los separatistas nos hablaban maravillas sobre su sistema federal, está reculando y recortando poderes a los Lander. Europa es un hecho político, y la construcción de redes, la suma de fuerzas, las sinergias son la tendencia clara e ineludible, pues cada rincón del mundo está cada día más cerca gracias a las comunicaciones y transportes. Por tanto es de ingenuos creer que las ambiciones predemocráticas de Zapatero puedan tener éxito a medio plazo, el problema es el daño que pueda hacer hasta su caída. La nueva vía abierta con la toma de la calle por parte de las clases medias no subvencionadas y no dependientes directamente del erario público, su organización en asociaciones y su actividad diaria están suponiendo un reto claro ante el gobierno, pero representan un nuevo estadio de madurez de la población. Es un hecho claro e incontestable que la gran mayoría de los españoles, independientemente de su filiación política, son de clase media, es decir; pagadores de impuestos hasta la médula, trabajadores asalariados y empresarios, que se preocupan por la seguridad ciudadana, la marcha de la economía, la disponibilidad de empleo para sus hijos, la vivienda, hipotecas, los impuestos, etc. y que miran al mundo a través de los medios de comunicación.

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La lucha de clases ha muerto hace tiempo, nos preocupan otras cosas, pero tenemos un gobierno que pretende que miremos al pasado, cuando solo nos interesa nuestro futuro. Creo que es momento de reformar la constitución para dar mayor poder a las mayorías, que se debe reducir el estado pero no a favor de las comunidades autónomas, sino de una nueva realidad que es la sociedad civil. Una serie de organismos han demostrado quedar en desuso, empezando por los sindicatos, que hoy por hoy solo logran beneficios para los funcionarios (su mayor fuerza para llenar la calle), esas supuestas fuerzas sociales de hace veinticinco años no representan a nadie y son organizaciones corruptas. Estos lobbys no representan más que los intereses particulares de unos miles de delegados que viven gracias al sindicato y esperan no volver a trabajar. Nuestra base empresarial está constituida en su mayor parte por Pymes y autónomos, grupos poco representados políticamente, pero que dan trabajo a más del 60% de la población, y que no destacan por generar conflictos laborales, las grandes empresas, aunque poseen un gran capital, y manejan los entresijos de las asociaciones de empresarios, no representan a la mayor potencia de empleadores, y en las Pymes los sindicatos apenas si tienen presencia.

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Por otra parte la presencia de los partidos en asociaciones de variado tipo es cada día menor porque la sociedad está tendiendo a la despolitización. En definitiva nuestros políticos se están quedando muy atrás, y la sociedad está buscando sus propios medios para organizarse, es una curiosa situación de reorganización del estado desde abajo. Queda clara, por tanto, mi fe en que será el propio pueblo español quien sabrá enderezar la situación, a pesar del gobierno que por los tan tristes y horrendos sucesos, de aquel 11M nos ha tocado vivir.

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