lunes, 02 de enero de 2006

La nueva transición

Por J. Manuel Areces

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Comenzamos como siempre un nuevo año haciendo propósitos, mayoritariamente de enmienda. Dejaremos de fumar, daremos menos leña al gobierno, etc.

Creo que España, a la vista de lo sucedido en el ya fenecido 2005, se ha posicionado en una encrucijada inevitable, forzada si acaso por todo el proceso abierto con respecto al estatuto catalán, que nos ha llevado a considerar la necesidad de una reforma constitucional, y de un replanteamiento del estado autonómico en general, así como otra serie de cuestiones de profundo calado.

Ciertamente hay que reconocerle a Zapatero el merito de abrir este melón, aunque fuera para complacer a sus socios de gobierno, y ver de paso si se cuelan sus pretensiones por la puerta de atrás, en ese esfuerzo están. Adjudico a Zapatero un merito con respecto a un efecto que el no esperaba pero que se ha puesto en el tapete por parte de numerosos analistas.

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La transición nos llevó a un espacio de democracia y crecimiento nacional sin parangón en nuestra convulsa historia, y cierto es reconocer al señor Zapatero que nada es intocable, y que se precisa una nueva transición, o prefiero decir una nueva era postransición. En estos momentos la discusión se encuentra en la supuesta necesidad de dotar con nuevos estatutos a las comunidades autónomas, y según algunos partidos independentistas, redefinir el marco de relaciones entre sus regiones y el resto de España, el estado, como dicen ellos.
Surgen propuestas de definir a Cataluña y otras regiones como nación y de ahí iremos a parar a un estado confederal.

En mi opinión las crisis deben ser aprovechadas positivamente, y ya contamos con la opinión, por otra parte muy conocida de las minorías, ahora creo que los demás debemos de hablar, y expresar nuestra opinión sobre las posibles reformas que faltan a nuestro sistema para asegurar un crecimiento del país y una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos. Y me refiero a los ciudadanos porque nosotros somos el principio y el fin de un estado democrático, tal y como dijo Rajoy en su excelente discurso de la puerta de sol, -España es una nación de ciudadanos y no de territorios-, y para los ciudadanos se gobierna, esos son y no otros los principios.

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España necesita de reformas, y en mi opinión estas deben venir para crear un nuevo marco electoral en el que se respete a las minorías, pero donde el partido mayoritario pueda gobernar con holgura, y sin sometimiento al chantaje de grupúsculos que en nada están por la labor de contribuir a la mejora de nuestra nación. Necesitamos una nueva composición parlamentaria donde el chantaje no sea la voz cantante y la pauta para desarrollar políticas nacionales. Esta reforma de la ley electoral debería incorporar una segunda vuelta, tal y como se hace en democracias con mayor tradición, y listas abiertas para que se pueda votar a las personas que consideramos mejor dotadas para gestionar nuestros recursos.

En cuanto a la descentralización del estado, considero que esta vez a los que toca soltar competencias, para mejorar la eficacia de los servicios al ciudadano será a las autonomías, en favor de las corporaciones municipales. Llevamos años con este debate pero nada se ha resulto, pues las comunidades autónomas se ha convertido en enemigas de la propia filosofía de la descentralización, convirtiéndose en organismos centralistas, que asumen demasiadas competencias que deberían estar en manos de los ayuntamientos, esta es otra de las claves en las que se debe avanzar de cara a cerrar las reformas necesarias para perfeccionar el sistema en el que vivimos. No podemos seguir viendo como nuestros ayuntamientos se desangran económicamente prestando servicios por los que no cobran y supliendo sus carencias económicas con desafueros urbanísticos que nos llevan por el mal camino.

Finalmente opino que la justicia precisa de verdadera autonomía para poder actuar con eficacia y representar una garantía ante los probables desmanes del poder ejecutivo. Un poder judicial designado por los jueces, sometido al control parlamentario, y un fiscal general elegido de entre los fiscales. Estos son los retos auténticos de España y no mojigaterías de control a los medios, nacionalidades rancias y demás tropelías que solo pretenden enfrentar a los ciudadanos y desviar la atención de los problemas reales de España.

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